Una isla flotante puede ser desde una bola de hierro en una piscina de mercurio, a un corcho en un vaso de agua, de las islas flotantes imaginarias la más conocida es la de “Laputa” descrita por Jonathan Swift en su novela “Los viajes de Gulliver”, era esa una isla flotante en mitad del cielo dirigida por un imán gigantesco.
“Por medio de esta piedra imán puede hacerse que la isla suba o baje y se mueva de un lado a otro; pues dentro de los límites de aquella parte de la tierra sobre la que reina este monarca, la piedra posee una fuerza de atracción en uno de los extremos y otra de repulsión en el otro. Poniendo el imán vertical con el polo de atracción hacia la tierra, la isla desciende; pero cuando el polo de repulsión apunta hacia abajo, la isla sube en vertical. Cuando la posición de la piedra es oblicua, el movimiento de la isla es oblicuo también, pues en este imán las fuerzas siempre actúan en líneas paralelas a la dirección en que se orienta”
En la mitología griega los argonautas en su viaje al Ponto Euxino pasaron por entre las rocas azules, dos enormes peñascos flotantes que entrechocaban entre si destrozando las naves que osaban cruzarlas.
Para poder pasar entre las rocas azules soltaron una paloma, las rocas atraparon las plumas de su cola, pero cuando volvieron a separase aprovecharon los argonautas para cruzar el paso, a partir de ese momento el destino convirtió a las rocas flotantes en islotes fijos y dejaron de ser una amenaza para los navegantes.
La cultura Azteca se valió de las Chinampas, que eran huertos artificiales flotantes hechos a base de turba tierra y raíces y que fueron descubiertos por los españoles al llegar al lago de Tenochtitlan.
Vamos ahora a referirnos a aquellas islas flotantes, que podemos encontrar en mares y lagos.
En los océanos lo más parecido a una isla flotante son los icebergs masas de hielo desprendidas de los glaciares o casquetes polares, el más grande de todos ellos se desprendió de la plataforma de Ross en la Antártida el año 2000 con una superficie de 11000 kms, mucho más grande que toda la provincia de Barcelona.
Otras islas flotantes poco conocidas son las de piedra pómez, la pumita es una roca ígnea que es expulsada por los volcanes en erupción muy porosa y ligera, flota en el agua. En algunas erupciones de volcanes en el archipiélago de Tonga, grandes cantidades de piedra pómez fueron lanzadas al mar formando un mar de piedras, y en ocasiones la lava caliente y la pumita se solidificaron en contacto con el agua y formaron autenticas islas flotantes.
Son también flotantes las algas del mar de los Sargazos en el Atlántico norte, el sargazo es un alga que se ha adaptado a crecer y vivir en la superficie del océano y que ocupan una superficie equivalente a la tercera parte de los Estados Unidos.
En la famosa obra de Julio Verne “Veinte mil leguas de viaje submarino” refiriéndose al mar de los Sargazos puede leerse:
“Por encima de nosotros flotaban cuerpos de todo origen, amontonados en medio de las hierbas oscuras, troncos de árboles arrancados a los Andes o a las montañas Rocosas y transportados por el Amazonas o el Mississippi, numerosos restos de naufragios, de quillas y carenas, tablones desgajados y tan sobrecargados de conchas y de percebes que no podían remontar a la superficie del océano.”
En los lagos también existen islas flotantes formadas por vegetación a la deriva como por ejemplo en la laguna de Taguatagua visitada por Charles Darwin en 1834 que en su viaje por Chile las describió formadas por tallos y raíces sobre los que crecían otras plantas encima, donde pastaban caballos y ganado, con un espesor de 1,2 a 1,80 mts., y eran empujadas por los vientos de una a otra orilla.
En la bahía de Puno en Peru vive la tribu de los Urus que habitan unas islas flotantes formadas por tallos de totora. Las principales islas se llaman Tupiri, Santa María, Tribuna, Toranipata, Chumi, Paraíso, Kapi, Titino, Tinajero y Negrone y se encuentran en la región del lago Titicaca. La totora es un junco acuático de hasta tres metros de largo, con cuyas hojas y tallos entrelazados y acumulados en grandes cantidades se forman las islas en donde viven los Urus.
En Africa, siguiendo el curso del río Nilo y entre dos lagos mucho más grandes, el lago Victoria y el lago Alberto, se encuentra el lago Kioga donde se forman grandes islas flotantes de papiro y de jacintos de agua.
Pero ¿existen islas de tierra que sean flotantes con vegetación y con arboles?
Las islas flotantes del lago Vlasina al sudeste de Serbia están formadas por un sustrato de turba menos pesado que el agua, la turba es un material ligero, orgánico que es el primer paso para la conversión de la vegetación en carbon y cuando se desgajan de las orillas, navegan por su superficie. La isla flotante más grande del lago es “Moby Dick” que tiene una extensión de 8 hectáreas y esta cubierta de arboles y animales.









